Ayuntamiento de Lodosa


Historia

Prehistoria

El yacimiento arqueológico “El Viso” de la Edad del Hierro y “El Castillar” nos muestra la existencia de antiguos pobladores en estas tierras. La Historia de Lodosa está profundamente ligada al lugar estratégico que ocupa: una rica vega junto al Ebro, que además ha sido frontera natural entre reinos, y escenario de batallas.

Edad Antigua

El Acueducto Romano (siglo II d.C.), llevaba sus aguas a la romana Calagurris (Calahorra). La obra era colosal, ya que la canalización comenzaba en la Sierra de Codés, y el acueducto llegó a medir 30 km. Los restos que se conservan son conocidos como el “Puente de los Moros“, se encuentran a 2 Km. de Lodosa, y constan de 13 de los 108 arcos que salvaban el paso del río Ebro.

Edad Media

Hacia el año 610, invasiones de visigodos al mando de Gundemaro, pasan por éstos lugares, frenando el intento de los vascones para recuperar sus tierras junto al Ebro. Son los llamados “años oscuros”, en los que nace el Reino de Navarra.

Con la llegada de los árabes a estas tierras en el S. IX, los Banu-Qasi (o Casius) dominan el territorio junto al Ebro. Los hijos o descendientes de esta familia de la nobleza hispano-visigoda convertida al islam, mantuvieron y aún extendieron su ascendiente social y su influencia política en las tierras del Ebro Central durante dos siglos. En el año 916, uno de los Banu-Qasi llamado Mutarrif, hijo de Muhammad, fue asesinado por su sobrino Muhammad ibn Abd Allah, el cual no pudo mantener las posiciones musulmanas de la comarca de Nájera frente a los asaltos combinados del leonés Ordoño II y de Sancho Garcés I de Pamplona.

Sancho Garcés había aprovechado las anteriores vicisitudes, comenzando una expedición contra los árabes por el sur de Pamplona, para extender su soberanía sobre la tierra de Deyo y desde Monjardín hasta el Ebro: Lodosa, Mendavia, Falces, Fúnes, Caparroso, Cárcar, San Adrián, Andosilla, Azagra, y Milagro quedan incorporadas al Reino.

Los Reyes navarros aseguran la frontera con Castilla por medio de fortalezas: Las Tenencias, con centro en un lugar fortificado, y bajo el control de un Señor que actuaba “por mano del Rey”. Lodosa como lugar fronterizo, poseía una de ellas, cuyo origen se remonta al S. XII.

El «senior» García López de Lodosa actuaba en Mendavia en 1120 como mandatario del monarca pamplonés. Seguía siendo villa de señorío nobiliario a mediados del siglo XIV cuando su titular Martín Jiménez de Lerga la vendió al monasterio de La Oliva, el cual la enajenó, a su vez (1352), al rey Carlos II de Navarra. Este la concedió con su castillo (1368) al vizconde Hugo de Cardona y, posteriormente a Juan Ramírez de Arellano, a cuyo linaje quedó vinculada.

En 1378 Lodosa es sitiada por los castellanos, que entraron en Navarra con un poderoso ejército. Al no poder mantenerlo, se retiran a sangre y fuego. El castillo de Lodosa es sitiado por los castellanos, pero no pudieron tomarlo.

Edad Moderna

A partir de 1512, y conquistado el Reino de Navarra por Castilla, los capitanes del Duque de Alba se hacen cargo de la ocupación de Lodosa, que se mantuvo como lugar de señorío hasta la primera mitad del siglo XIX, cuando desapareció este tipo de régimen. A partir de 1605, Juan de Mendoza y Navarra, quinto Señor de Lodosa como descendiente del Rey navarro Carlos II, es titulado como Conde de Lodosa.

La Iglesia de San Miguel fue construida en sillería con peralte de ladrillo a expensas de varios patronos. En el año 1533 Doña María de Moreno y Mendoza, junto a su hijo D. Rodrigo de Navarra, contrataron las obras con el cantero de Azpeitia, residente en Lodosa, Juan de Landeta, cuya labor fue tasada por los maestros Esteban de Garreta y Miguel Latorre. Con posterioridad, el conde de Altamira D. Godofre de Navarra, firmó nuevo contrato en el año 1585 con el cantero Santuru de Arezti, que trabajó en el crucero y ya en el siglo XVII intervino el maestro francés Juan de Raón, quien terminó los dos tramos de los pies y concertó la torre, portada principal y pórtico en el año 1622.

En 1750 la villa de Lodosa hizo construir con sus rentas y bienes de propios un puente de piedra, de nueve pasos de ancho y 340 de largo, con el fin de unir las dos márgenes lodosanas del Río Ebro, haciendo famoso el dicho “desde Reinosa a Tortosa, puente fuerte, el de Lodosa”.

A fines del siglo XVIII la villa era exenta y del señorío de Altamira, quien ponía al alcalde mayor y, a propuesta de la villa, también al alcalde ordinario. En la división de partidos que se llevó a cabo en las Cortes de Navarra de 1757, Lodosa se incluyó en el que recibió el nombre de condado de Lerín. Con las reformas municipales de 1835-1845 y la abolición definitiva de las jurisdicciones señoriales, la villa quedó como ayuntamiento de régimen común, hasta nuestros días.

La Guerra de la Independencia

La Guerra de la Independencia se percibió en Lodosa en toda su crudeza, pues en la localidad existía uno de los importantísimos puentes de piedra para poder cruzar el Ebro. La localidad contaba con un acuartelamiento del ejército imperial francés, debido a la resistencia a la ocupación francesa y a la presencia del citado puente.

Los hechos más significativos que tuvieron lugar en la localidad ocurrieron en el año 1808, durante los meses de octubre y noviembre. El 18 de octubre, Palafox invitó a Castaños a trasladarse a Zaragoza para establecer un plan de operaciones. La conferencia tuvo lugar del 20 al 21, y en ella se decidió que el ejército del Centro dejase dos divisiones en Lodosa y Calahorra. El 25 de octubre de 1808, se suceden combates entre las tropas francesas y las divisiones españolas en Logroño y Lodosa, y como consecuencia la retirada de las divisiones españolas.

Napoleón, el día 18 de noviembre ordena a Jean Lannes que avance hacia Tudela con el siguiente plan: 21 a Lodosa, el 22 a Calahorra y el 23 a Tudela. Cuando llega a Logroño, ordena a Moncey que atraviese el Ebro por Lodosa para juntarse con él y unir las fuerzas. Una vez en Lodosa, organiza las fuerzas de las que dispone, y el mariscal Lannes toma el mando del Cuerpo de Moncey, reforzado hasta alcanzar los 24.000 infantes y 5.000 jinetes.

El plan de los franceses era que Lannes atacara a Castaños en Calahorra, mientras Michel Ney, por Soria, se dirigiría contra la retaguardia española. El día 21 Castaños conoció los movimientos franceses contra su retaguardia y ordenó retroceder a sus tropas, girando un ángulo de 90 grados y situándose perpendicularmente al Ebro entre Tarazona y Tudela, apoyado en el curso del río Queiles y destacando a la división de vanguardia a Ágreda para cubrir su retaguardia.

Su nuevo despliegue suponía abandonar los proyectos ofensivos e intentar cerrar el corredor Sur del río que lleva a Zaragoza. Todo esto desembocaría el 24 de noviembre de 1808 en la famosa batalla de Tudela. El 19 de marzo de 1810 es atacada la guarnición de Lodosa con tropas al mando del Comandante Pascual Echeverría “El Carnicero de Corella”. En el ataque causan graves daños a los franceses y hacen 23 prisioneros. En este ataque estuvo presente el General Espoz y Mina.

Durante este periodo y los años posteriores, un lodosano destacaría entre los militares españoles. Joaquín Romualdo de Pablo y Antón (Chapalangarra), guerrillero y militar nacido en Lodosa el 26 de julio de 1784, participó activamente en la guerra de la Independencia y acreditó en numerosas acciones valor y dotes de mando.

Su trayectoria militar es muy brillante: en 1809 se enroló en el ejército. En 1812 Francisco Espoz y Mina le encargó formar el 6º Batallón de la División de Navarra y 1º de Aragoneses, y en enero de 1813 obtuvo el grado de coronel. Finalizada la guerra se le destinó como agregado del Regimiento de Infantería de España y fijó su residencia en la plaza de Bilbao.

Fue aquí donde, inmediatamente después del levantamiento de Riego, hizo jurar la Constitución a la tropa formada y volvió al campo de batalla en defensa de las ideas liberales. En 1823 fue gobernador militar en Alicante, pero debido al bloqueo que sufrió por parte del vizconde Toullon de Dogne, cuando el duque de Angulema entró en España con los Cien mil hijos de San Luis para destruir la Constitución y proclamar a Fernando VII rey absoluto, en noviembre de ese mismo año tuvo que retirarse a Gibraltar, desde donde se fue a Inglaterra.

Durante su estancia en Londres mantuvo contactos con otros compañeros, entre ellos Espoz y Mina, con el objetivo de preparar su regreso a España para restablecer el régimen liberal. Así, en 1830 organizó sus tropas en la localidad francesa de Cambo-les-Bains para entrar en España por Valcarlos. Aunque contó con un escaso número de entusiastas, entre ellos el gran poeta José de Espronceda, quien le dedicó a su muerte unos sentidos versos en la elegía “A la muerte de Don Joaquín de Pablo (Chapalangarra)”, consiguió alinear un regimiento de más de 1.000 soldados y voluntarios realistas. Fue el final para este gran militar cuya vida estuvo entregada a dos ideales: Independencia y Libertad de la Patria. Murió por la causa liberal, que defendía la Constitución de Cádiz de 1812 y que proclamaba la división de poderes del Estado y soberanía de la Nación frente a los defensores del absolutismo de Fernando VII.

Las Guerras Carlistas

En el territorio de combate vasco-navarro de la Primera Guerra Carlista (1833-1839), el Ebro fue límite de litigio al oeste y, especialmente, al Sur del mismo. Entre Miranda de Ebro y Tudela existían únicamente tres puentes sobre este río: Briñas, Logroño y Lodosa. A partir del verano de 1835, poco después de la batalla de Mendigorría, al abandonar los isabelinos la ciudad de Estella, el movimiento de sus tropas entre Logroño y Pamplona lo hicieron empleando el puente de Lodosa, existiendo por ello una importante guarnición isabelina en la localidad.

El paso de las tropas por esta localidad, hizo pesar sobre sus habitantes el grave gasto de contribuir con sus hombres y con sus animales de carga al transporte no remunerado de enseres militares. En la orilla derecha del Ebro, en el cerro hoy conocido como Telégrafo, el mando isabelino construyó un telégrafo óptico que pertenecía a la línea Ausejo – Lodosa – Andosilla – Lerín. Se pueden ver los restos de la pequeña fortificación que guarnecía el telégrafo en el cerro citado.

Lodosa sufrió los embates de ambos lados: los Carlistas asaltaron, destruyeron y quemaron el Ayuntamiento, donde se habían atrincherado los “nacionales”. Posteriormente, el 19 de agosto de 1836 los propios carlistas, mandados por Iturralde, sufrían una dura derrota ante las tropas liberales, mandadas por el general Iribarren, en el actual término denominado Campomuerte, haciendo los isabelinos cerca de 900 prisioneros. De esa misma época data la tala de los álamos del ferial, que les da esa forma tan peculiar; las tropas carlistas los desmocharon para que sus baterías pudieran batir la otra orilla del río.

En 1.893, y a raíz del intento del Ministro Gamazo de acabar con el régimen fiscal privativo de Navarra, gran cantidad de lodosanos firmaron la protesta que encabezaron los 7 miembros de la Diputación Foral en la defensa de los Fueros. Entre aquellos 7 diputados forales se encontraba el lodosano Ricardo Gastón. Gamazo acabó dimitiendo.

La Segunda República

El 14 de abril de 1931, se proclama la Segunda República Española, que cambiará sustancialmente la vida en la localidad. Es destacada la importante presencia de sindicatos y de partidos políticos en Lodosa durante estos años, que traerá como consecuencia directa, una feroz represión durante la Guerra Civil. Durante el periodo republicano, la presencia de la CNT en Lodosa fue realmente destacada; así mismo existían numerosas personas de UGT y -en menor número- del PCE. Esta fuerte presencia sindical permitió un impulso a la vida agrícola de la localidad e igualmente se materializó con algunas mejoras en este aspecto. Durante este periodo, la presencia industrial no es muy grande, si bien se pueden contar con una fábrica de lejías, otra de ladrillos, una de gaseosas y la fábrica de Féculas.

La Guerra Civil

Al recibirse las primeras noticias de la sublevación militar la noche del 18 de julio de 1936, las organizaciones obreras lodosanas dan la orden de ocupar el pueblo y resistir. El día 19 amanece con barricadas en los distintos puntos estratégicos: el puente y el empalme de Mendavia, entre otros. Salieron grupos con escopetas de caza, trabuco y palos. Un vecino de derechas fue herido y un anciano fue atropellado por un coche a gran velocidad procedente de Estella. El coche fue abandonado en la estación.

A las cuatro de la tarde del 19 de julio, la Guardia Civil, posicionada con la sublevación, salió a la calle, produciéndose violentos tiroteos. La Guardia Civil no consigue controlar el pueblo por lo que a la mañana del día 20 se envían refuerzos de falangistas y dos compañías. Con ráfagas de ametralladora consiguen someter la resistencia. Los hombres de izquierdas y un grupo de mujeres huyen hacia la provincia de Logroño (actual La Rioja) y a los montes de alrededor. Las calles quedaron desiertas, el resto se encerró en sus casas, a la espera de la represión por haber sido uno de los pocos lugares donde se había hecho frente al Alzamiento. Las detenciones y la persecución no se hicieron esperar.

Con los ocupantes llegó al pueblo Luciano Aramendía, el abuelo, que se quedará al mando del requeté, pasando a ser uno de los perseguidores más significativos. Algunos de los heridos en el hospital fueron fusilados y en la prensa se describen varios suicidios. Durante todos los días del mes de julio se producen fusilamientos que se mantuvieron durante los meses de agosto y septiembre.

Numerosos vecinos fueron obligados a enrolarse como voluntarios a la Tercio General Sanjurjo. Para reclutarlos eran llamados al cuartel de la Guardia Civil y se les daba dos alternativas: o al Tercio o a la cuneta. Los primeros que marcharon y cayeron en el frente, ni siquiera constan en la relación de los “Caídos por Dios y por España”, sino como desaparecidos en el frente de Huesca en septiembre de 1936. Posteriormente entre los cientos de fusilados en este cuerpo militar, se hallaron numerosos lodosanos.

Con 133 asesinados, Lodosa es la localidad de Navarra con mayor número de represaliados, exceptuando la capital. A estos hay que añadir los correspondientes a los fallecidos en la bandera General Sanjurjo, en circunstancias desconocidas.

Industralización

Con el único paréntesis de la Guerra Civil, Lodosa venía creciendo casi ininterrumpidamente desde la segunda mitad del siglo XIX. Lodosa experimentó una temprana industrialización a principios de los sesenta con la instalación de varias fábricas conserveras. Hasta este momento, la mayor parte de las familias de Lodosa vivían o dependían del campo. Las 100 hectáreas de regadío que se extienden a ambos lados del Ebro, más las tierras de secano constituían la base económica de este pueblo, cuyo nivel de población se mantuvo durante todo el siglo XX por encima de los 4.000 habitantes.