Residencia de Lodosa, un día más entre compañeros

diciembre 28, 2020

MARÍA SAN GIL | JAVIER BERGASA 26.12.2020 | 00:33

Por responsabilidad, por prudencia y por cuidar de los suyos, ningún residente del centro lodosano salió a cenar y comer con sus familiares en Nochebuena y Navidad, una decisión difícil en muchos casos pero sensata y con la vista puesta en el futuro.

Una buena compañía y una suculenta cena el día 24 a base de sopa de pescado con gambas, merluza en salsa, compota y dulces navideños así como una sabrosa comida la de ayer que consistió en espárragos con mahonesa, pimientos rellenos de pescado, cordero asado y tarta ha sido el completo menú que han degustado todos los ancianos de la residencia de Lodosa que, por responsabilidad y con el deseo de “estar en la mesa con nuestros familiares el año que viene en estas fechas”, decidieron quedarse allí a pasar estos días festivos.

Uno de los residentes que más claro lo tuvo desde el principio es Teodoro Tarazona, pamplonés de 80 años, que decidió por voluntad propia pasar la Navidad y la Noche Buena en la residencia. “No quiero comprometer a mi familia, ya les dije a mis hijas que se quedaran quieticas con los nietos, que yo iba a estar muy bien. Aquí nos cuidan fenomenal, hay un gran equipo de trabajadores, y así siento que ellas también están más seguras. Prefiero evitar los riesgos”.

De acuerdo con Teodoro, la cena y la comida “no cambian en nada, han sido dos días más. Claro que me hubiese gustado estar con la familia y ya me decía mi hermana si no me daba penica, pero hay que tener sentido de solidaridad y cada mochuelo tiene que estar en su nido y evitar los contactos. Dejémonos ahora de nostalgias que ya habrá tiempo para festejar porque, como les digo aquí a mis compañeros, esto no es una broma”.

Osasunista de pro, algo que evidenciaba el escudo que lucía en su chaqueta, aseguraba que echa mucho en falta los paseos que daban a diario por las calles de Lodosa. Además, Teodoro espera ansioso la llegada de la vacuna y el buen tiempo ya que, explicaba, será el momento en el que conocerá cara a cara a sus tres nietos; dos chicos y una chica.

Por su parte, Ceferino Vergara, lodosano de 97 años, tampoco se reunió este año con sus familiares, una decisión, explicaba, “muy dura porque me gusta mucho la Navidad y lo mejor de estos días es estar tus seres queridos, pero ha sido la decisión acertada”.

Sin embargo, y por responsabilidad, disfrutó de estas jornadas en la residencia “y doy gracias a que tengo buenos compañeros, nos lo pasamos muy bien”.

José Antonio Marrodán, de 85 años, es otro de los lodosanos que decidió, a diferencia del resto de años, quedarse en la residencia y no juntarse con sus hijos. “Fue una decisión de todos y, además, nos lo recomendaban”. Para Marrodán, que aseguraba que disfrutaba todos los años como un niño con la cena del 24 y con un buen cabrito asado y pinchos variados, “este año ha tocado así”.

Como buen lodosano, comentaba que echa mucho en falta salir al Paseo a tomarse un café y a jugar la partida de cartas algo que, antes de la crisis sanitaria, hacía a diario, “incluso si llovía, me recogían con el coche y me iba allá. Aquí, en la residencia, paraba poco”, finalizaba antes de irse a hablar con uno de sus hijos durante las visitas presenciales.

EL SENTIR DE LA NAVIDAD | El ambiente navideño no ha faltado en la residencia lodosana y es que, además de la decoración que luce el propio centro, los residentes han tenido la oportunidad de hacer, tal y como marca la tradición, los talleres de adornos.

Este año sí que han notado la ausencia de visitas de muchos colectivos locales que se acercaban hasta allí a animarles con sus villancicos. Sin embargo, informaba Cordón, han recibido con los brazos abiertos y con una inmensa alegría los trabajos que les han hecho llegar los txikis del colegio público Ángel Martínez Baigorri, los de La Milagrosa, los estudiantes de Ibaialde Ikastola, y los miembros de En Buena Compañía. Todos ellos les han hecho llegar tarjetas, canciones, postales y adornos navideños con mensajes de ilusión, ánimo y esperanza.

Ayer, además, explicaba Cristina, obsequiaron a los residentes desde el patronato con un bote de perfume y el día 6 llegarán los Reyes Magos con otro detalle de la mano de la empresa.

La residencia ribera cuenta con 61 internos, aunque la capacidad de la misma es de 85, y con una plantilla de 45 trabajadores en la actualidad. Hasta el momento, y siguen cruzando los dedos, no se ha detectado ni un solo caso de coronavirus en todos estos meses. Si se diera el caso, explicaban, cuentan con un ala independiente con todo el material necesario.

Sin embargo todos ellos, residentes y trabajadores, tienen la esperanza puesta a dos semanas vista, que es cuando recibirán la primera dosis de la ansiada vacuna.

Noticia ofrecida por Diario de Noticias de Navarra.

Teodoro, en el momento de la videollamada con los familiares. Foto: Diario de Noticias de Navarra.


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